San Juan del Río, Qro.— Entre fierros retorcidos, gruñidos de puerco y el discreto parloteo de unos pericos australianos, terminó una camioneta Chevrolet roja que se estampó contra la retaguardia de un tráiler en el Macrolibramiento Apaseo-Palmillas. Lo curioso del asunto es que, tras el encontronazo, el conductor decidió poner pies en polvorosa y dejar que otros le hicieran frente al problema.
El peculiar episodio ocurrió en el kilómetro 6 de la carretera, a la altura de Santa Bárbara La Cueva, donde la camioneta circulaba en dirección a Palmillas cuando, por razones que no fueron precisadas, terminó incrustada en la parte trasera de un tráiler del que poco o nada se supo.
Pero si el golpe estuvo aparatoso, el cargamento no se quedó atrás. En el remolque viajaban al menos cuatro puercos, mientras que en la cabina iban varios pericos australianos, quienes, sin deberla ni temerla, acabaron convertidos en pasajeros de una historia con aroma a corral y tintes de expediente policial.
Después del impacto, el chofer optó por abandonar la escena, aunque alcanzó a comunicarle lo sucedido al propietario de la unidad. La Chevrolet quedó atravesada en el carril derecho, con el frente hecho pedazos, por lo que otros automovilistas, al toparse con semejante estampa, dieron aviso a los servicios de emergencia.
Al sitio llegaron elementos de la Guardia Nacional, División Carreteras, quienes se encargaron de abanderar la zona y tomar conocimiento del percance, mientras se solicitaba una grúa para retirar la camioneta y su peculiar cargamento.
En esas andaban cuando apareció un hombre que se identificó como propietario del vehículo y de los animales. Eso sí, recuperar sus pertenencias no sería tan sencillo como llegar, echarles un silbido a los pericos y arrear a los marranos.
Los uniformados le explicaron los procedimientos que debía seguir para reclamar legalmente a los animales, entre ellos acudir ante el Juzgado Cívico. Por su parte, la camioneta y el remolque fueron enviados al corralón correspondiente, donde el dueño deberá cubrir las multas y los gastos necesarios para recuperarlos.
Del conductor que protagonizó el encontronazo, hasta el momento no hubo mayores noticias. Se fue dejando tras de sí una camioneta maltrecha, cuatro o más testigos de hocico inquieto y unos pericos que, si pudieran declarar, quizá tendrían bastante que contar.
Por lo pronto, el caso quedó con más preguntas que respuestas: un tráiler sin identificar, un chofer ausente y una caravana de animales que terminó metida, sin quererlo, en un auténtico expediente de carretera.







