Una madrugada fría, una vida sin nombre: la carretera 57 se tiñó de silencio en San Juan del Río

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San Juan del Río, Qro.— La madrugada del lunes llegó fría a San Juan del Río. Mientras la ciudad dormía y las luces de los vehículos rompían la oscuridad sobre la carretera 57, una persona caminaba por uno de los puntos más transitados de esta vía.

Minutos después, todo cambió.

A la altura del kilómetro 161, frente a la Central de Autobuses de San Juan del Río, una persona fue embestida por un vehículo de carga cuando se encontraba sobre el carril de alta velocidad. El impacto le arrebató la vida y dejó sus restos esparcidos sobre el pavimento, en medio de una carretera donde, pese a la tragedia, el tránsito no se detenía.

Durante esos primeros minutos de la madrugada, automovilistas que circulaban con dirección hacia la capital queretana habrían observado lo ocurrido. La escena, difícil de ignorar, fue reportada de inmediato a la línea de emergencias 911.

Pero mientras se solicitaba ayuda, los vehículos de carga y automóviles continuaban pasando por la zona donde había quedado el cuerpo.

La carretera, acostumbrada al ruido constante de motores y al paso ininterrumpido de quienes viajan entre ciudades, se convirtió por unos momentos en el escenario de una historia que todavía no tiene nombre.

No se sabía quién era aquella persona. Tampoco si se trataba de un hombre o una mujer. No había, en ese momento, una identidad que permitiera avisar a una familia que quizá todavía esperaba su regreso.

El silencio después del impacto

Los primeros en llegar fueron elementos de Bomberos de San Juan del Río y personal de Protección Civil municipal. Acudieron tras el llamado de auxilio y encontraron a la persona sobre la cinta asfáltica.

Los cuerpos de emergencia realizaron la valoración correspondiente y confirmaron que ya no contaba con signos vitales.

Entonces comenzó otra tarea: proteger aquella vida que ya no podía protegerse por sí misma.

Las unidades de emergencia fueron colocadas para abanderar el sitio y advertir a los automovilistas sobre la presencia de los restos en la carretera. Se pidió a los conductores reducir la velocidad mientras las autoridades comenzaban a trabajar.

Poco después arribaron elementos de la Guardia Nacional, División Carreteras, quienes asumieron las labores de seguridad y resguardo de la zona.

En una carretera donde cada segundo cuenta y donde cientos de vehículos transitan durante la noche, los agentes tuvieron que contener el flujo vehicular mientras se realizaban las diligencias.

La oscuridad de la madrugada comenzó poco a poco a ceder ante las primeras luces del día.

Una persona sin nombre

La Fiscalía General del Estado de Querétaro fue notificada sobre lo ocurrido y al sitio acudió inicialmente personal de la Policía de Investigación del Delito, que comenzó con las primeras indagatorias.

Había que reconstruir lo sucedido.

También había que intentar responder una de las preguntas más difíciles que deja una tragedia de esta naturaleza: ¿quién era?

Los investigadores recabaron los primeros datos en el lugar, mientras los servicios periciales realizaban las diligencias correspondientes.

Sin embargo, la persona permanecía sin identificar.

Más tarde, el personal de Servicios Periciales llevó a cabo el levantamiento de los restos, que fueron colocados en una bolsa para posteriormente ser trasladados a las instalaciones de la morgue, donde continuarían los procedimientos necesarios para establecer su identidad y las circunstancias precisas del fallecimiento.

La madrugada terminó.

Los motores continuaron su camino. Los vehículos volvieron a ocupar los carriles de la carretera 57 y, poco a poco, el punto donde había ocurrido la tragedia recuperó su ritmo habitual.

El abanderamiento fue retirado una vez concluidas las diligencias de las autoridades.

Pero quedó una ausencia.

Por el momento, aquella persona se fue de la carretera 57 como llegó a ella: sin un nombre confirmado públicamente.

Mientras las investigaciones continúan, sus restos permanecen bajo resguardo de la autoridad a la espera de que algún dato permita devolverle una identidad y, con ella, la posibilidad de que alguien pueda saber qué ocurrió aquella fría madrugada de otoño en San Juan del Río.

Porque detrás de cada persona que pierde la vida en una carretera hay una historia que no termina en el pavimento. Hay una familia, un pasado, un nombre y alguien que, en algún lugar, quizá todavía espera que esa persona vuelva a casa.

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