San Juan del Río despide hoy a uno de esos personajes que, sin proponérselo, terminan convirtiéndose en parte del paisaje humano de un pueblo. A sus casi 80 años, “El Raja Diablos” deja tras de sí una estela de recuerdos, anécdotas y sonrisas que aún viven en la memoria de cientos de sanjuanenses que lo vieron crecer, trabajar y caminar por las calles de esta tierra que tanto quiso.
Quienes lo conocieron desde sus inicios recuerdan al joven tablajero que, con esfuerzo y un oficio heredado de los antiguos mercados, empezó vendiendo chicharrones de res en el mercado Reforma, para después trasladarse al tradicional mercado Juárez, donde su presencia cotidiana terminó por hacerlo parte de la identidad del lugar. Entre vapores, aromas y el bullicio de los pasillos, su nombre resonaba entre clientes y comerciantes como un símbolo de trabajo y autenticidad.
Su apodo, cuentan amigos cercanos, nació en el rastro municipal, donde era conocido como el matancero. Un sobrenombre fuerte, contundente, salido de ese mundo de oficios antiguos donde las palabras no se maquillaban y donde cada hombre era reconocido por lo que sabía hacer. “El Raja Diablos” no lo negó nunca; lo llevó como se llevan las marcas de una vida dedicada al esfuerzo.
Hoy, en distintas esquinas del municipio, hay quienes lo recuerdan con una mezcla de nostalgia y cariño. Algunos con lágrimas, otros con una sonrisa baja, pero todos con respeto por aquel hombre que formó parte del tejido social del San Juan del Río de antes, ese que se construía entre mercados, historias y manos trabajadoras. Aunque en este espacio informativo no tengamos más datos sobre su vida, sentimos la necesidad de nombrarlo, de honrarlo, de reconocerlo como lo que fue: un sanjuanense querido y muy conocido.
A su familia, les enviamos una sincera condolencia y un abrazo respetuoso por la partida de un hombre que dejó huella en su comunidad.
Descanse en paz J. Guadalupe Dolores Velázquez González.
“El Raja Diablos”.







