Un reporte recibido en la línea de emergencias 9-1-1 activó a los elementos de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal de San Juan del Río. La alerta era clara: un sujeto en la colonia Lomas de Guadalupe se negaba a pagar su consumo en un negocio local. Hasta ahí parecía un clásico caso de “me olvidé la cartera”, pero la historia resultó tener más condimentos que los propios tacos que había ingerido el protagonista.
Cuando los oficiales localizaron al individuo, todo apuntaba a un simple altercado por la cuenta. Sin embargo, al hacer la inspección correspondiente, la Unidad de Análisis y Estadística descubrió que el comensal tenía más pendientes que una lista de propósitos de año nuevo: una orden de aprehensión vigente por privación ilegal de la libertad y violencia de género. Nada que ver con la deuda de unos tacos, sino algo bastante más serio.
El hombre, que según testigos pidió cinco tacos al pastor y un refresco de vidrio —eso sí, dietético, porque la figura importa—, pensó que podía irse sin pagar. Lo que no imaginaba es que en lugar de evadir al taquero terminaría enfrentando a la Fiscalía General del Estado. Al final, no fue la cuenta lo que lo alcanzó, sino la justicia.
La escena no dejó de sorprender a los presentes: mientras algunos clientes pedían otra orden para llevar, los uniformados cumplían con la suya, pero de carácter judicial. Y aunque el detenido intentó hacerse el desentendido, la tortilla ya estaba doblada: no se trataba solo de un conflicto con la taquería, sino de delitos de alto impacto.
El sujeto quedó a disposición de las autoridades competentes, mientras los tacos quedaron en la anécdota. Eso sí, la moraleja es clara: si vas a un puesto, paga tu cuenta; si tienes una orden de aprehensión, mejor ni te acerques. Porque nunca sabes cuándo un refresco de dieta puede terminar en una detención de tiempo completo.







