Era la 1:30 de la madrugada cuando el silencio de la carretera se quebró con un estruendo metálico. Un golpe seco, brutal, que rebotó entre los cerros y el asfalto húmedo del Macrolibramiento Apaseo–Palmillas, a la altura del kilómetro 21, en San Juan del Río.
En medio de la oscuridad, un Volkswagen blanco con placas del Estado de México quedó varado al borde del camino, la carrocería retorcida y el olor a caucho quemado impregnando el aire. Detrás del volante, un joven —aún con el rostro desencajado, incrédulo— intentaba entender lo que acababa de pasar. Su respiración era entrecortada, el corazón golpeando el pecho con fuerza. Apenas pudo tomar el teléfono para llamar a su familia.
Momentos antes, conducía con rumbo hacia Palmillas, el camino casi vacío, solo el rugido del motor y las luces lejanas de los tráileres que cruzan de madrugada. De pronto, un camión tipo plataforma lo rebasó a toda velocidad. No hubo tiempo de nada. Un golpe lateral, un empujón violento, y el coche fue arrastrado varios metros, hasta ser lanzado al acotamiento como si fuera una hoja de papel.
El camión siguió su marcha, perdiéndose entre la oscuridad de la autopista. Nadie alcanzó a ver sus placas. Nadie pudo detenerlo. Solo quedaron las huellas del impacto sobre el asfalto y el eco del metal raspando contra el pavimento.
El joven, todavía temblando, marcó al 911. En cuestión de minutos llegaron elementos de la Guardia Nacional División Carreteras, quienes abanderaron la zona e iluminaron el escenario con las torretas de sus patrullas. El silencio regresó, roto apenas por el zumbido de los insectos y el murmullo de los oficiales.
Una ambulancia se detuvo junto al vehículo. Los paramédicos revisaron al conductor: golpes, raspones, el susto marcado en la mirada, pero nada que ameritara traslado. Aun así, el miedo tardaría en irse.
Más tarde, una grúa levantó el Volkswagen y lo subió lentamente, mientras el joven observaba en silencio cómo su auto desaparecía en la oscuridad, convertido en testigo mudo de lo ocurrido.
Los oficiales le explicaron el proceso: la denuncia formal ante la Fiscalía del Estado, contra quien resulte responsable. Pero en ese momento, lo único que él quería era llegar a casa, abrazar a los suyos, y cerrar los ojos, esperando que el sonido del impacto no lo persiguiera cuando intentara dormir.







